A ella,
le gustaba susurrale leyendas del lobizón
mientras todos caminaban por el campo
en la noche oscura de estrellas claras.
Y de pronto...
el hombre lobo
se hizo bulto en el maizal,
despertando terrores infantiles
entre los presentes.
Una oveja que ladra! - se escuchó
Juira! Juira! - se oía cortar la noche.
Un chancho salvaje - pensó
La única luz que iluminando la tierra
se hacia linterna
y dibujaba sombras inquietantes.
Pero... se presentia
había sólo una mujer en esa noche
que permanecia callada, silente,
esperando el momento, ese instante
de transformación.
Sabía ...
que sería su hombre
abogado de día,
quien se transformaria en lobo feroz,
para amarla entre los penachos del maizal,
después que el manto oscuro de la noche
se llevara las carcajadas de los curiosos.
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